Título: Islas de la ascuaoscura- Autor: Brandon Sanderson
- Editorial: Nova
- Número de páginas: 560
- Goodreads ⭐⭐⭐
Sexto del Ocaso es un trampero tradicional en la mortífera isla de Patji. Pero una fatídica noche, empuja a su pueblo a una carrera por modernizarse antes de que los invasores de las estrellas los conquisten. Teme que su pueblo se pierda a sí mismo en el intento, y por eso parte en busca de su salvación más allá de la Ascuaoscura. En otro lugar del Ascuaoscura hay una joven dragona encadenada en forma humana: Starling. Ella y su variopinta tripulación de exiliados están a punto de perder su libertad. Estos dos improbables aliados podrían ser la solución a la crisis del otro. En su búsqueda de la independencia, Ocaso y Starling se enfrentan a peligrosas negociaciones, políticas envenenadas y el eco destructivo de un dios muerto.
Hace ya casi tres años que me decidí a embarcarme en la aventura que es leer a Brandon Sanderson y, desde entonces, no he dejado de leer sus novelas. No obstante, Viento y verdad me supuso una decepción que derivó en que me apeteciese bajar un poco la intensidad de Sanderson. Así que, desde entonces, he abandonado el Cosmere y me he centrado en otras sagas de fantasía. Si bien es cierto que tengo otros muchos proyectos secretos de este autor sin leer, como Trenza del mar esmeralda o Yumi y el pintor de pesadillas, por algún motivo esta nueva novela me apetecía especialmente y, ciertamente, no me ha defraudado. Aunque hemos de tener en cuenta que es una novela que destripa gran parte de las historias principales, por lo que no recomiendo realizar esta lectura a menos que hayas concluido Nacidos de la bruma y El Archivo de las tormentas, por lo menos.
He leído innumerables críticas hacia Islas de la ascuaoscura, considerándola una novela sin contenido, basada únicamente en retazos de otras historias y carente de personalidad. No obstante, aunque creo que peca de fanservice, no he sentido que esté falta de personalidad; más bien todo lo contrario. Lo que más he disfrutado de esta novela es, precisamente, que se siente distinta dentro del Cosmere y que los personajes poseen una muy buena caracterización. Evidentemente, no llega al nivel de otras obras del autor, como El aliento de los dioses o el propio Archivo de las tormentas, pero tampoco lo necesita para funcionar porque su valor reside en otro tipo de propuesta, más conectiva que épica. En ningún caso me he sentido defraudada al terminarla.
Como bien se adelanta ya en la propia sinopsis, la historia tiene dos protagonistas muy diferentes. Por un lado, Ocaso, un trampero que ve cómo su utilidad en la sociedad ha dejado de existir y percibe la época en la que vive como profundamente ajena a sus costumbres e ideas. Todo ello mientras siente que su tierra está a punto de ser esclavizada por aquellos a quienes denominan los Venidos de Arriba, y a quienes un lector avanzado en el Cosmere identificará como los scadrianos. Por otro lado, Astrífera es la luminosidad y la esperanza en persona: una dragona exiliada a la que parece que nada ni nadie le va a arrebatar el optimismo; consecuencias de ser prácticamente inmortal, supongo. A través de ella conocemos otras especies del Cosmere y se nos abren múltiples relaciones políticas entre mundos de los que, hasta ahora, apenas teníamos información.
Este motor era una máquina útil. Otro recordatorio de que el progreso no era del todo malo. Los machetes sustituyeron a los cuchillos de obsidiana o de piedra. Los motores sustituyeron a los remos. Excepto que, un día, esa marcha del progreso lo había convertido en algo que ya no era necesario. El progreso era como una ola. Al principio te arrastraba y te llevaba consigo, pero en cuanto te resbalabas de la cresta, te estrellabas contra el oleaje y quizá nunca volvías a salir a la superficie.
”Personalmente, ambos personajes principales me han parecido muy interesantes, bien construidos y con una trama realmente emocionante. Comparten perspectivas muy distintas de los mismos hechos, y la combinación de ambas consigue que la lectura resulte ágil y dinámica. Además, hay un amplio elenco de personajes secundarios, algunos más conocidos que otros, que enriquecen la historia y nos permiten reflexionar sobre cuestiones como la justicia, el derecho sobre los recursos de un pueblo, el progreso o la libertad. Todas ellas son temáticas de gran calado que, aunque no siempre se desarrollan con la profundidad de otras obras del autor, sí aportan una capa reflexiva que eleva el conjunto.
Si tuviese que destacar algo de la novela, al margen de la buena construcción de personajes, que ya viene siendo habitual en Sanderson, diría que es todo el lore del Cosmere que aprendemos gracias a ellos. No solo nos situamos de lleno en la era espacial, con la capacidad de viajar a través de las estrellas entre los distintos mundos, sino que también recibimos nueva información sobre las Esquirlas, la Investidura, y se nos plantean nuevas incógnitas de cara a futuros proyectos secretos. En este sentido, la novela funciona casi como un punto de inflexión dentro del universo, más que como una historia aislada. Si bien es cierto que la continua referencia a otros personajes y ubicaciones puede resultar algo repetitiva, no me ha parecido un aspecto especialmente negativo, ya que se compensa con la originalidad del enfoque y con la sensación constante de descubrimiento.
En resumen, este nuevo proyecto secreto de Sanderson es, posiblemente, uno de mis favoritos y, aunque la historia pueda parecer sencilla en apariencia, creo que la clave está en reflexionar junto a los protagonistas sobre qué es lo correcto y cómo eso afecta a las dinámicas existentes dentro del propio Cosmere. No obstante, debemos acercarnos a esta novela siendo conscientes de que el universo de Sanderson se ha ido ampliando, y que proyectos como este cumplen también una función de fidelización lectora: no siempre nos ofrecen una historia cerrada y contundente como El Archivo de las tormentas o Nacidos de la bruma, sino que contribuyen a la expansión del universo y a reforzar sus conexiones internas. Y, sinceramente, creo que está bien que así sea.

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