Título: Caín- Autor: José Saramago
- Editorial: Alfaguara
- Número de páginas: 187
- Goodreads ⭐⭐⭐
Saramago es uno de mis autores de cabecera, sin duda alguna, a pesar de que muchas de sus novelas siguen aún entre mis pendientes. Precisamente por ello, este año me propuse leer más de este autor que tanto disfruto habitualmente, y decidí comenzar mi andadura con Caín, aunque quizá debería haberlo hecho con El Evangelio según Jesucristo. De hecho, creo que, si es tu primera toma de contacto con él, Caín no es la mejor opción. No solo porque la calidad de otras obras de Saramago sea superior, sino también porque aquí no siento que se aprecie plenamente el humor ácido y el ingenio tan característicos del portugués, o al menos no con la misma fuerza ni sutileza.
Como bien indica la propia sinopsis, en esta obra nos encontramos ante una revisión de los textos bíblicos desde el punto de vista de Caín. Si eres de esas personas que nunca ha leído la Biblia, o cuyo conocimiento proviene más bien de oídas o de recuerdos lejanos del catecismo, es probable que la lectura no te resulte repetitiva. Sin embargo, si como yo recurres a ella con cierta frecuencia, ya sea por motivos académicos o personales, es posible que la historia llegue a hacerse algo monótona. No por la forma de narrar de Saramago, que sigue siendo ágil y particular, sino porque los episodios que aparecen (la caída de Sodoma, la historia de Job, el arca de Noé…) son de los más conocidos del Antiguo Testamento, lo que puede generar cierta sensación de reiteración e incluso hastío.
En este sentido, creo que la novela gana cuando se desplaza hacia márgenes menos transitados del relato bíblico. La aparición de figuras como Lilith o el desarrollo de personajes como Enoc introducen una capa de extrañeza y de reinterpretación que resulta mucho más sugerente. Ahí es donde Saramago parece moverse con mayor libertad, alejándose de la mera relectura para construir algo más cercano a una reescritura crítica.
El señor no oye, el señor es sordo, por todas partes se le alzan súplicas, son los pobres, los infelices, los desgraciados, todos implorándole el remedio que el mundo les niega, y el señor les da la espalda, comenzó haciendo una alianza con los hebreos y ahora hace un pacto con el diablo, para esto no merece la pena que haya dios.
”Ahora bien, lo verdaderamente interesante de la obra no reside tanto en lo que cuenta, sino en lo que cuestiona. A través de Caín, el primer fratricida y, paradójicamente, uno de los personajes más lúcidos desde el punto de vista moral, Saramago articula una crítica directa a la figura de Dios. No se limita a poner en duda su justicia, sino que va un paso más allá: cuestiona si es digno de confianza. Y lo hace apoyándose en episodios bíblicos muy concretos que, leídos desde una óptica contemporánea, resultan profundamente problemáticos. ¿Es justo un Dios que pide a Abraham el sacrificio de su hijo? ¿Qué implica que pacte con Satán para poner a prueba a Job, precisamente cuando este se muestra más fiel?
Lo interesante aquí es que Saramago no inventa los conflictos, sino que los señala y los lleva hasta sus últimas consecuencias. En cierto modo, su Caín funciona como una conciencia crítica que recorre el texto bíblico evidenciando sus contradicciones internas. No es tanto una blasfemia gratuita por parte de un ateo confeso, como es el caso de Saramago, como una lectura radicalmente coherente si se aceptan los hechos narrados.
Frente a esto, la teología tradicional ha ofrecido respuestas bien articuladas. La aparente injusticia hacia Caín, por ejemplo, se explica desde la primacía de la intención sobre el acto: no solo importan las obras, sino la disposición del corazón, que Dios conoce y juzga. Sin embargo, lo que hace Saramago es desplazar el foco: no le interesa tanto justificar a Dios como examinar qué entendemos nosotros por justicia, por fe o por bondad. Y, sobre todo, plantea una cuestión incómoda pero difícil de esquivar: ¿puede considerarse infinitamente bueno un ser omnipotente que permite el mal , o incluso lo provoca, como condición para la fe?
Esta dimensión filosófica es, a mi juicio, lo más potente de la novela. Caín no busca tanto ofrecer respuestas como incomodar al lector, obligarle a posicionarse y a revisar ideas que muchas veces se aceptan sin un verdadero cuestionamiento.
Personalmente, ha sido una lectura amena y rápida, que me ha permitido reencontrarme con la prosa tan peculiar de Saramago, que puede ser, en sí misma, una dificultad para quienes no estén habituados, pero que no he disfrutado tanto como otras de sus obras. Probablemente, habría sido más acertado leerla después de El Evangelio según Jesucristo, que considero su gran exploración en torno a la figura de Dios y su supuesta bondad, y donde estas cuestiones alcanzan una profundidad y una complejidad mucho mayores.
Otras reseñas del autor:
Reseña de Ensayo sobre la ceguera
Reseña de Ensayo sobre la lucidez
Reseña de Las intermitencias de la muerte

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