15/4/26

Las mujeres que sostuvieron la mina: reseña de Carboneras



  • Título: Carboneras
  • Autor: Aitana Castaño y Alfonso Zapico
  • Editorial: Pez de plata
  • Número de páginas: 280
  • Goodreads ⭐⭐⭐⭐⭐

Trabajaban en las tolvas eligiendo el mejor mineral y descartando restos de piedras y madera. Cuidaban de las casas, de las familias, de los niños, de los mayores... También se cuidaban entre ellas. Todo el polvo del carbón de las minas asturianas pasaba por sus pulmones. Luchaban contra la silicosis, contra el olvido, contra una sociedad que las ignoraba y contra ellas mismas y sus destinos. Eran las carboneras. Madres, abuelas, tías, hermanas, vecinas, amantes y esposas de todos los niños de humo que nacieron, se criaron y murieron con las cuencas mineras metidas en el corazón. Sus vidas están llenas de llantos, amores y batallas, a las había que sumar la de una clase dirigente represora que no dudó en hacer de las comarcas carboníferas uno de sus laboratorios de torturas. El espacio en el que se localiza la acción es Montecorvo del Camino (un lugar ficticio del universo que Alfonso Zapico dibujó y creó para contar la Revolución del 34 en su trilogía La Balada del Norte), en algún momento de los años sesenta.

Esta es mi segunda novela de Aitana Castaño y, sin duda, es la que más me ha gustado hasta ahora. Al igual que sucedía en Los niños de humo, regresamos a la cuenca minera asturiana, acompañados de las bellísimas ilustraciones de Alfonso Zapico, para adentrarnos en la perspectiva de una parte fundamental de la minería y, a menudo, tan olvidada: las carboneras. No solo tendremos el placer de reencontrarnos con casi todo Montecorvo, sino también de descubrir qué ha sido de algunos personajes que ya conocíamos, lo que añade una capa de continuidad emocional muy especial.

Si Los niños de humo me había gustado, esta novela me ha encantado. No es solo por la oportunidad de acercarnos a un lado menos transitado del mundo minero, ni por la fuerza de los personajes, carismáticos, duros, profundamente humanos, que construye Aitana, sino también por ese regreso a la cuenca en los años 60, con todo lo que eso implica. Bajaremos al pozu, picaremos mano a mano con rebeldes y sindicalistas, nos asomaremos a los entresijos del clero y lloraremos en La Soledad junto a las viudas, que sacan fuerza de donde no la hay para seguir viviendo, aunque una parte de ellas haya quedado sepultada bajo tierra.

Creo que la gran virtud, y lo que diferencia esta novela de otras de temática similar, es que el foco no se limita a la resistencia de los mineros, a sus condiciones deplorables o a su enfrentamiento con las fuerzas del orden. Aquí hay algo más. Hay vida. Vida cotidiana, incluso en medio de la dureza. Niños que crecen sin padre, con las manos manchadas de hollín y la infancia a medias. Mujeres que inventan historias para tener algo que celebrar entre tanto barro y lluvia, como si la imaginación fuese otra forma de resistencia. Curas que escuchan confesiones tan terribles que les revuelven el cuerpo. Y, en medio de todo, la certeza de que incluso en la veta más oscura y más jodida de la mina, el amor encuentra la forma de abrirse paso.

Los personajes que crea Aitana son, como siempre, el verdadero corazón de la novela: tan reales, tan frágiles y tan resistentes a la vez que cuesta no sentir que forman parte de una memoria que también es nuestra. Y quizá ahí está lo más importante: en cómo Carboneras nos recuerda que la historia no es solo lo que se cuenta en los libros, sino lo que permanece, casi en silencio, en la vida de tantas personas de nuestra tierra.

Otras reseñas de la autora: 

✷ Los niños de humo: una cartografía de la cuenca minera asturiana


1 comentario:

  1. Hola Claudia! Gracias por pasarte por mi blog, ya te sigo. Muy interesante lo que nos traes, ya me lo anoto para futuras lecturas. Nos leemos *.*

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