5/7/26

Reseña de Lo que mueve a los muertos: hongos, misterio y horror gótico



  • Título: Lo que mueve a los muertos
  • Autor: T. Kingfisher
  • Editorial: Crononauta
  • Número de páginas: 273
  • Goodreads 

Cuando avisan a Alex Easton de que la vida de su amiga de la infancia, Madeline, está apagándose, no duda en ir en su ayuda a la casa señorial de los Usher, en la campiña de Ruravia. Lo que se encuentra allí es una pesadilla fúngica, fauna poseída y un lago oscuro y palpitante. El sonambulismo de Madeline y sus conversaciones con una voz extraña consumen de preocupación a su hermano, Roderick. Con ayuda de una formidable micóloga británica y un desconcertado doctor, Alex debe desentrañar el secreto de la Casa de Usher antes de que este consuma a sus habitantes.

Esta novela supuso mi primer contacto con T. Kingfisher y ha sido una grata sorpresa. Lo que mueve a los muertos es una novela gótica que nos aporta una nueva perspectiva de uno de los relatos más clásicos de Edgar Allan Poe: La caída de la Casa Usher. Si bien es cierto que, por el uso de una mansión decadente y la presencia de los hongos, podría recordar en ciertos aspectos a la novela de Silvia Moreno-García, ambas obras abordan historias muy diferentes. Lo que sí recomiendo encarecidamente es una relectura, o lectura, para quienes aún no la conozcan, del relato de Poe antes de comenzar este libro, ya que enriquecerá enormemente la experiencia y permitirá apreciar mejor los matices de la reinterpretación que plantea Kingfisher.

Como ya nos indica la sinopsis, a lo largo de la novela acompañaremos a Alex Easton, soldado de jura, en su visita a una amiga de la infancia, Madeline Usher, quien parece encontrarse al borde de la muerte. No obstante, cuando llega a la mansión familiar, pronto se da cuenta de que no solo ella parece terriblemente enferma. También su hermano Roderick, antiguo compañero de milicia de Easton, parece haberse convertido en una sombra de sí mismo. Esto nos llevará a adentrarnos en una historia cargada de misterio, con una atmósfera tan opresiva que consigue traspasar las páginas y adherirse a la piel del lector gracias a la brillante narrativa de T. Kingfisher.

La investigación que lleva a cabo Easton, junto con la colaboración de un médico amigo de la familia y una brillante botánica de apellido Potter, una mención honorífica muy pertinente a la increíble Beatrix Potter, nos permitirá adentrarnos en la vida que rodea la extraña mansión de los Usher. Veremos vísceras de liebres, fondos fúngicos en lagos oscuros y una casa que rebosa vida, aunque no del tipo que inspira tranquilidad. Todo parece crecer, expandirse y observar desde los rincones más insospechados, generando una sensación constante de inquietud que va aumentando conforme avanzamos en la lectura.

No corrimos. Si hubiéramos corrido, habríamos tenido que admitir que había algo de lo que huir. Si hubiéramos salido corriendo, el niño pequeño que vive en el corazón de todo soldado sabía que los monstruos podrían alcanzarnos.

Si bien es cierto que los puntos fuertes de la novela son su ambientación oscura y pegajosa, también lo son sus personajes y la forma en que la autora desarrolla el elemento fúngico que vertebra toda la historia. Más allá de convertirse en un recurso estético o una simple fuente de horror, los hongos terminan impregnando la novela de una extrañeza muy particular, aportando una explicación inquietante que encaja sorprendentemente bien con el universo de Poe. Personalmente, aunque al inicio sospeché por dónde podían ir los tiros, me llevé varias gratas sorpresas a medida que avanzaba la historia y disfruté enormemente de un desenlace que, pese a no ser en absoluto feliz, me pareció muy acertado y coherente con todo lo que la novela venía construyendo.

Sin duda, si hay algo que destacaría por encima de todo es la prosa. Lo bien que escribe esta autora y la facilidad con la que consigue sumergirte en una historia como esta son, para mí, sus mayores virtudes. Todo fluye con naturalidad, haciendo que incluso los momentos más extraños o grotescos resulten fascinantes. Tampoco quiero dejar de mencionar el increíble trabajo del traductor, Alexander Páez, ni la cuidadísima edición de la editorial, que contribuyen a convertir esta lectura en una experiencia aún más disfrutable.

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