Título: La república de otoño- Autor: Brian McClellan
- Editorial: Gamon
- Número de páginas: 576
- Goodreads ⭐⭐⭐⭐
El Mariscal de Campo regresa a Adro para encontrar que, por primera vez en la historia, la capital está dominada por un invasor extranjero. Su hijo está desaparecido y Tamas debe reunir las fuerzas para vencer a Kez. El ejército está dividido. Las fuerzas de Kez no les dan tregua y la cúpula superior de Adro se ha vuelto contra sí misma. Alguien está vendiendo sus secretos. El inspector Adamat busca al traidor, pero a medida que desentraña la conspiración descubrirá una verdad aterradora. Mientras Taniel Dos-Disparos, el Mago de la Pólvora que le disparó a un dios, está huyendo. Lo persiguen hombres que consideraba sus amigos. Deberá salvaguardar el único medio que hay para defender la nación de Kez.
En esta ocasión os traigo la reseña de La República de Otoño, la tercera entrega de Los magos de la pólvora, una de las trilogías de fantasía épica que más he disfrutado últimamente. Aunque sí que he de decir que, mientras que el segundo tiene un ritmo trepidante y me dejó con muchísimas ganas de continuar la historia, este tercero decae un poco: es un buen final, pero no tan potente como su predecesor.
En esta tercera y última entrega de uno de los más aclamados discípulos de Brandon Sanderson, retomamos la acción justo donde nos dejó el segundo libro, algo que se agradece mucho de cara a la fluidez de la obra. Tamas regresa a Adro para descubrir que la capital, Adopest, se encuentra bajo el control de invasores extranjeros. Por un lado, tenemos la guerra contra Kez desarrollándose al sur; por otro, la tensión política derivada de Lord Claremonte, que se presenta como primer ministro de Adro en las primeras elecciones tras el golpe de Estado llevado a cabo por Tamas y sus magos de la pólvora en el primer libro.
La trama, en este punto, se vuelve realmente compleja, especialmente por todo lo sucedido en la segunda entrega. Tamas no solo lidia con la desaparición de su hijo, Taniel Dos Tiros, quien se ha enfrentado dos veces a un dios y al que todos dan por muerto o, en el mejor de los casos, por desaparecido en combate, sino también con continuas traiciones dentro de su propio ejército. Esta parte me ha parecido especialmente sólida, porque el personaje de Tamas deja de ser únicamente una leyenda de guerra para mostrar una evolución clara, tanto en sus acciones externas como en su mundo interior. El Tamas del inicio de la trilogía no es, en absoluto, el mismo que encontramos aquí. Su desarrollo es progresivo y, aunque quizá no se presenta de la forma más épica posible, sus diálogos con Vlora, con Taniel y con otros miembros del ejército adrano marcan un punto de inflexión muy evidente en su personalidad.
Una vez que la adrenalina había pasado y se habían entregado las medallas y se había dispensado la gloria, después de la batalla solo quedaban los que sufrían
”Es cierto que esta tercera entrega está bastante monopolizada por Tamas y por el inspector Adamant, lo que hace que se eche en falta un mayor desarrollo de otros personajes como Ka-poel y Taniel. Sus tramas, que avanzaban de forma muy interesante en la segunda entrega, quedan aquí bastante opacadas por la dimensión bélica y por el peso de otros personajes. Bo y Nila también adquieren un papel relevante en esta novela, aunque personalmente no son los que más me han convencido. Sigo pensando que el giro de guion en torno a Nila resulta algo forzado: me habría gustado que se mantuviera como en el primer libro, porque eso la diferenciaba del resto. No era nadie especial, y aun así llegaba lejos. Convertirla en una privilegiada, al menos para mí, le resta valor a su recorrido.
Por otro lado, el final me ha parecido adecuado, sin llegar a ser especialmente memorable. Me habría gustado una resolución distinta para algunos conflictos, especialmente en el caso de Taniel, cuyas escenas finales resultan algo apresuradas y dejan poco espacio para asimilar lo ocurrido. Creo que esto se debe, en parte, a que la resolución del conflicto con los dioses no termina de estar del todo bien construida y acaba funcionando como un deus ex machina que cierra varias tramas de forma algo precipitada. Aun así, me ha parecido una despedida elegante para la trilogía, aunque con un sabor agridulce: es de esos finales que funcionan, pero que te dejan con la sensación de que podría haber sido mucho más.

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