Maebashi Witches
12 episodios | abril 2025
⭐⭐
Bienvenidos a la ciudad de Maebashi, en la prefectura de Gunma. La vida de Yuina Akagi, estudiante de primer año de preparatoria, cambia por completo en el momento en que aparece una misteriosa rana llamada Keroppe y le pregunta: "¿Quieres ser una bruja?". Yuina , junto a sus amigas Azu Niisato, Kyoka Kitahara, Choco Mitsumata y Mai Kamiizumi, estarán encantadas de hacer realidad los sueños de la gente como las Brujas de Maebashi.
Comencé hace un tiempo este anime, sabiendo que me encontraba frente a una serie de corte muy juvenil, pero atraída por la estética luminosa y llamativa típica del género. Maebashi Witches se inscribe con bastante naturalidad dentro de la tradición del mahou shōjo, un género que históricamente ha funcionado como un espacio simbólico para hablar del crecimiento, la identidad y la dificultad de habitar el propio cuerpo cuando este empieza a cambiar. Lejos de buscar una reinvención radical o un giro oscuro que “legitime” la propuesta ante un público adulto, el anime apuesta por algo mucho más honesto: acompañar a un público joven en conflictos que siguen siendo profundamente actuales, utilizando la magia no como vía de escape, sino como lenguaje metafórico.
Desde sus primeros episodios, la serie deja claro que sus protagonistas no son heroínas predestinadas ni figuras idealizadas. Son chicas con inseguridades muy reconocibles, con dificultades para encajar, para hacer amigas, para sentirse suficientes en un entorno que constantemente invita a compararse. La magia aparece, pero no como solución inmediata a estos conflictos, sino como una herramienta que convive con ellas. Incluso transformadas, incluso brillando al más puro estilo magical girl, las dudas siguen ahí, y ese gesto resulta especialmente potente para un público joven acostumbrado a narrativas donde el cambio externo promete arreglarlo todo.
Uno de los temas que Maebashi Witches aborda con mayor sensibilidad es el de la imagen corporal. Es quizá uno de sus puntos clave, precisamente porque el anime evita los discursos explícitos y opta por escenas cotidianas: miradas al espejo, silencios cargados de incomodidad, comparaciones tácitas entre compañeras. Inlcuso el deseo de no ser vista en público por la apariencia o el deseo de cambiar radicalmente para ser "mejor".
El cuerpo no se presenta como un enemigo, pero sí como un territorio en disputa, atravesado por expectativas sociales y por una autoexigencia que rara vez se verbaliza. La transformación mágica, lejos de corregir o embellecer según un ideal normativo, subraya una idea mucho más honesta: sentirse poderosa no elimina automáticamente la inseguridad, y eso no invalida la experiencia.
Esta lógica se extiende también al constante juego de comparaciones que atraviesa la serie. Compararse con quien parece más segura, más a la moda, más aceptada, más “adecuada” se presenta como una forma de violencia suave, casi invisible, que moldea la percepción que las protagonistas tienen de sí mismas. Maebashi Witches no ofrece una superación rápida ni un aprendizaje definitivo; el proceso es irregular, lleno de avances y retrocesos, algo que conecta de manera muy directa con la experiencia real de la adolescencia.
El retrato de las relaciones familiares contribuye a reforzar esta lectura. No encontramos aquí familias idealizadas ni villanos evidentes, sino adultos imperfectos, a veces ausentes, a veces sobreprotectores, que también parecen arrastrar sus propias frustraciones. La serie no coloca el foco en el conflicto extremo, sino en los pequeños desajustes cotidianos que pesan más de lo que parece. En este contexto, el grupo de chicas funciona como un espacio de apoyo mutuo, una comunidad elegida que permite explorar la identidad sin el miedo constante al rechazo.
Todo esto se articula sin que el anime pierda el encanto propio del género. Las transformaciones, los elementos mágicos y la estética luminosa siguen ahí, funcionando como rituales simbólicos de afirmación. Maebashi Witches no se avergüenza de ser una historia de chicas mágicas para un público joven, y quizá ahí radica gran parte de su acierto. No necesita oscurecer su tono ni adoptar una gravedad impostada para hablar de emociones complejas; confía en que la sencillez también puede ser profunda.
En última instancia, el anime propone una idea muy clara: la magia no sirve para huir de la realidad, sino para aprender a mirarla con un poco más de compasión. Maebashi Witches recuerda que crecer implica habitar la incomodidad, aceptar la duda y entender que la identidad no se construye de una vez y para siempre. En un panorama donde muchas narrativas juveniles oscilan entre la idealización y el cinismo, esta serie recupera una función clásica del mahou shōjo: ofrecer un espacio simbólico seguro donde crecer, equivocarse y seguir adelante… aunque a veces la varita tiemble un poco.
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