Título: El priorato del naranjo- Autor: Samantha Shannon
- Editorial: Roca editorial
- Número de páginas: 836
- Goodreads ⭐⭐⭐
Llevo unos años con este libro en pendientes y, siendo sincera, había renunciado completamente a ponerme con él. Sentía que, en parte, el momento de leerlo ya había pasado porque, aunque en un inicio gozó de gran fama, con el tiempo empezaron a aparecer detractores y asumí que no me iba a gustar. Sin embargo, hace unas semanas vi la edición de bolsillo en la librería y lo tomé como una señal divina para adentrarme por fin entre sus páginas. Es cierto que no ha sido mi mejor lectura, ni siquiera llega a entrar en mi top de novelas de fantasía, pero sí la he disfrutado.
El priorato del naranjo es una novela coral de alta fantasía. En ella conoceremos a Sabran, Ead y Tané, tres mujeres con grandes cargas a sus espaldas, dispuestas a hacer sacrificios en nombre de la seguridad y la justicia, aunque pertenezcan a mundos distintos y, en muchas ocasiones, opuestos. El universo que las rodea es fascinante y complejo, lleno de secretos, leyendas e historias aún por descubrir. A lo largo de la novela iremos desentrañando la verdadera historia de la Damisela y el Innombrable, al mismo tiempo que observamos cómo las protagonistas se replantean su realidad y las ideas preconcebidas que han asumido sobre ella.
No obstante, mi mayor crítica hacia esta novela es que la narración resulta muy plana. Estoy acostumbrada a historias impactantes, a relatos llenos de heroicidad, magia y épica, pero nada de eso he encontrado en El priorato del naranjo. La pluma de la autora es excesivamente analítica: se limita a contarnos lo que sucede y a describir los sentimientos, miedos y emociones de los personajes, pero falta alma, falta esencia. Ese algo que hace que, como lectora, se te erice la piel y sientas que estás dentro de una historia realmente memorable. Diría que es una buena novela, pero nada más. Bien hecha, bien planteada y bien resuelta, pero hasta ahí.
Otro de los fallos que le he encontrado a esta historia es que todo resulta demasiado conveniente. No me creo muchas situaciones, y eso me ha sacado de la trama en más de una ocasión. Da la sensación de que, para que el desarrollo de los personajes tenga lugar, se ha tenido que prescindir constantemente del villano. El Innombrable es un malo malísimo del que no sabemos prácticamente nada. No se nos explica qué lo hace tan terrible como para justificar la urgencia de acabar con él y, pese a ser poderosísimo, pueden derrotarlo con una facilidad pasmosa. Ni siquiera ese enfrentamiento resulta épico. Además, desde el inicio se nos dice que la guerra es inminente y, aun así, hay tiempo de sobra para realizar innumerables viajes y misiones secundarias mientras los antagonistas simplemente esperan. No interfieren en ningún momento ni complican realmente la situación.
Lo mismo sucede con los pactos entre reinos o con la capacidad para dominar piedras antiquísimas cargadas de poder: todo ocurre en apenas unos segundos. No hay fricción, no hay resistencia; todo fluye con excesiva facilidad. Evidentemente, esto contribuye a que la historia sea ligera y rápida de leer, pero pierde notablemente en calidad.
Es cierto que la figura de la bruja suele encarnar el mal en muchas historias, y aquí cumple ese papel solo a medias. No es realmente “el mal”, sino un personaje traicionero, cambiante, una hechicera que actúa movida por sus propios intereses y por un pasado doloroso. No es, ni mucho menos, la encarnación absoluta del mal. En esta misma línea, tampoco me ha convencido el final, excesivamente arquetípico. Desde el principio sabemos qué va a suceder, porque la propia novela no deja lugar a dudas y termina como tantas otras historias del género.
A su favor he de decir que la magia y los dragones son elementos muy interesantes y que el universo que se nos presenta resulta tremendamente atractivo. Creo que se podría haber profundizado mucho más en él: en las leyendas que asolan las ciudades, en el papel del priorato o en los dragones del Este. Precisamente porque son conceptos muy curiosos y bien trabajados, resulta frustrante que su función en la parte final sea prácticamente inexistente. Podrían no haber aparecido y todo encajaría casi igual. Y, como lectora, creo que cuando eso sucede es porque algo no ha terminado de funcionar del todo bien en la historia.
En definitiva, El priorato del naranjo es una obra de fantasía (alta fantasía, no romantasy, aunque haya romance) que puede servir como puente para lectores más jóvenes que se acerquen al género o para quienes se sientan intimidados por la complejidad de otras obras similares. Sin embargo, si te gusta mucho la fantasía y, especialmente, la fantasía épica, este libro probablemente te resulte demasiado sencillo y previsible.

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